Sé una cuerda para mi guitarra, agua...



Sé una cuerda para mi guitarra, agua.

Los conquistadores han llegado

y los antiguos conquistadores han pasado.

Es difícil que recuerde mi cara en los espejos.

Sé mi memoria y veré lo que he perdido.

¿Quién soy después de este éxodo? (...)

MAHMUD DARWISH

ALQUIMIA: De la voz al cuerpo

Serie de vídeos grabados en el marco del curso Transcendencia en la Música Tradicional, impartido por Mara Aranda (Early Music Morella 2018).

Improvisaciones sobre el trabajo de voz y elementos que desboca en el movimiento.

Son las seis de la tarde del viernes 20 de Julio; llego a Morella. Camino por la calle principal en busca del Ayuntamiento, cargo con mi maleta y mi mochila. Sin aviso comienza a caer agua descontroladamente.

El cielo aúlla silencioso y descarga su grito cerrado en forma de enormes piedras de hielo que revientan sobre el suelo empedrado. Me refugio en un soportal, pasan casi veinte minutos de agua agresiva, salvaje, desbocada cayendo sobre el pueblo; ¿qué coño hago aquí?

Sé una cuerda para mi guitarra, agua...AGUA.

La primera pieza que bailé recitada con mi propia voz fue un poema de Darwish (gran poeta palestino) que habla sobre el exilio, metafóricamente representado en una gran

masa de agua. Esto paso hace unos tres años cuando comencé el exilio artístico, la búsqueda de otro lugar creativo, donde poder comenzar de nuevo.

Nada es casual; me digo, han pasado ya un par de días y el trabajo energético con el elemento agua, nos acompaña, no se va de nostras, se niega a abandonarnos. De una manera sutil el trabajo de Mara Aranda a través de varias vibraciones de voz y de cuerpo (respiración, movimiento orgánico...) nos está haciendo conectar con este elemento, invocarlo e integrarlo. Pasamos por muchas fases en la sala De Profundis del Monasterio Franciscano de Morella. Nuestras aguas se agitan y se calman, el vaivén de las olas, el transcurrir de un río, la descarga de la lluvia y la gran profundidad del océano, espejo del universo. Todo va apareciendo y despareciendo por momentos...

Yo recuerdo mi época de buceadora y entiendo la negritud del agua. siento el vacío que experimenté en esas inmersiones. 30-35 metros de agua me cubren. Aprendo a respirar, a retener solo el aire necesario y a soltar para poder bajar, aquello que mis pulmones no necesitan en la profundidad no es mas que un lastre.

El sonido silencioso de un medio que no me pertenece, el respeto a saberte huésped, la curiosidad de quien observa de pasada, de quien sabe que llega para irse. Me acuerdo de mi ex marido. Los dos en las profundidades, en las aguas negras de nuestra edad adulta donde todo era posible, enamorados...

Pienso en mi danza y me surge la necesidad de bailar mis aguas. Y me grabo, por instinto quiero ver aquello que mi cuerpo expresa después de cada sesión de trabajo. Y es ya en el segundo día donde sé que estamos en proceso alquímico.

El agua es negra, nos dice Mara una mañana. Y yo comprendo todo el principio y el final y de nuevo el principio. Y bailo, bailo como solía hacerlo, como baile aquel poema de Darwish que puso palabra a mi exilio. y que tanta tristeza me causaba.

La relación que establecemos con la sala telúrica De Profundis, aún no ha terminado, ni terminara nunca, volvemos a ella, pese a poder utilizar libremente todos los espacios del monasterio. Volvemos a recargar, a descansar, a trabajar duro...La imagen de los monjes velados, de la muerte que nos iguala, de la profundidad del alma y de la ligereza de la vida en armonía con la madre naturaleza, el árbol de la vida, los ciclos, las estaciones y el gran circulo infinito de la existencia. Somos hijas del viento, honrando al agua.

www.mara-aranda.com

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 Danzas de raíz