Cairofornication


El Cairo está lleno de lugares con magia, Townhouse Factory, es uno de ellos. Una nave gigante, en pleno west al balad*, junto a una de las calles mas emblemáticas de la ciudad, Talaat Harb. Un lugar lleno de palacetes, edificios diseñados por arquitectos franceses en el siglo XIX, donde se albergo a la élite social, política y cultural egipcia durante los años de esplendor de El Cairo desde finales del del siglo 19 hasta los años 60 del siglo 20.

Llego por casualidad, a esa nave gigante donde lo primero que veo es el trabajo del colectivo Cairofornication que está formado por el artista Ibrahim Mimuo en colaboración con artistas de otros lugares. Cuadros y diseños de camisetas utilizando algodón egipcio de gran calidad.

Curioseo por el espacio y entablo conversación con Ibrahim que me cuenta un poco lo que allí se hace y acordamos hacer una colaboración entre el espacio y yo. Grabar una serie de vídeos improvisados basados en la exposición que el espacio alberga esos días,"براحتها", el trabajo de tres fotógrafas egipcias que hablan de lo que significa para una mujer en una sociedad patriarcal expresarse a su manera.

Es bonito y un reto grabar en un espacio abierto. Improvisaciones que surgen en diferentes lugares del espacio.

Te debes adaptar a lo que hay, a lo que pasa en ese mismo momento. Gente que pasa, que mira, que se sorprende, ruidos, vacíos, cosas que cambian de lugar...

Me pongo a bailar y voy conectando con el lugar. Elijo varios lugares, que me cuentas diferentes historias y que provocan en mi diversos y distintos movimientos.

Gamal Salam un amable miembro del equipo de Townhouse, se ofrece a enseñarme un anexo de la galería. Me cuenta que piensa que puedo encontrar lugares bonitos para grabar secuencias de danza en el. Conversamos sobre el arte en el Cairo, la post primavera árabe, el cambio social. Me habla de su país, de lo que vive, de lo que siente, del cáos de El Cairo, de las formas de ser de la gente, esa convivencia entre tradición y nuevas formas de vida que llevo observando desde que he llegado, de el cambio generacional que está experimentando sutilmente el país. Escucho feliz, sintiendo la gran suerte que tengo por poder conocer por medio de mi trabajo a tanta gente que está trabajando por un mundo mejor, por crear, por convertir los espacios y los lugares en puntos de encuentro e intercambio.

El edificio de el lado resulta ser un tesoro. Un inmenso edificio del siglo XIX que pertenecía a las familias judías que habitaban El Cairo, en general, emigradas de Grecia y de otros países de Oriente Medio como Siria o Líbano. Familias generalmente de comerciantes de clase social alta. Los judíos fueron expulsadas de Egipto después de la Guerra de los Seis Días y sus bienes expropiados. Este edificio fue vendido a un rico egipcio masón.

Me conduce a la sala donde hacían sus rituales, entre las cosas que encontraron antes de restaurarlo, había incluso ataúdes... me cuenta.

Actualmente la Unesco es su propietaria y se lo ha cedido a colectivos de artistas que mantienen el lugar como centro de creación y encuentro. Han hecho en sus habitaciones, una biblioteca, una sala de cine y espacios para residencias artísticas.

Me enamoro del lugar, de sus idas y venidas, de su historia con ese final feliz, ese punto energético de encuentro, intercambio y creación.

Gamal me propone grabar en la sala ritual y yo acepto, hay una mesa con sillas, justo encima del cuadrado de azulejos imitando un tablero de ajedrez, símbolo utilizado por los masones en todo el mundo para sus rituales iniciáticos. Me propone apartar la silla y la mesa y subir la pantalla de cine; Le pido no tocar nada, que sea el espacio quien me toque a mi. Que sea la historia de lo que fue y de lo que es.

Me siento y bailo. Allí, en ese campo de batalla donde bien/mal, luz/oscuridad, blanco/negro se conjugan.

Los extremos que unen las millonésimas posibilidades entre uno y otro. Se muestran.

¿Quienes somos para juzgar?; ¿Quienes somos?...Solo fichas del tablero universal, nos movemos como podemos, esquivando obstáculos, descansando en superficies, agarrándonos, posando, arañando, acariciando.

Me da vértigo todo, y me siento de nuevo en la silla y busco un final para esa absurda batalla que se libra dentro de mi.

Ya paso, ya estoy en casa.

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