Nosotras


El Cairo del vagón de las mujeres.

Hoy el mundo es muy pobre en miradas.

Rara vez nos sentimos mirados o expuestos

a una mirada.

El mundo se presenta como placer visual que trata

de agradarnos. Del mismo modo, tampoco la pantalla visual tiene el carácter de una mirada. (...)

Nos protege justamente de la mirada.

Byung-Chul Han

"La expulsión de lo distinto"

Hay muchos "cairos" dentro de El Cairo, me he repetido

mucho esta frase, porque siento que puede por lo menos resumir algo, si no tienes media vida, solo para dedicarte

a hablar de la gran madre del mundo.

En el metro, el vagón de las mujeres me pone

a prueba.

He hecho un montón de laboratorios de danza/teatro donde uno de los trabajos principales es dejarte invadir, espacial, emocional y energéticamente por otros.

Tocar y ser tocado...

Una vuelta a la naturalidad de nuestros cuerpos en el espacio común. El necesario trabajo de comprensión y no de protección ante lo que está fuera de uno.

Hay una naturalidad en el uso del espacio común en el vagón de las mujeres del metro de El Cairo.

La naturalidad con la que las mujeres ocupamos el asiento,

que no tiene limites físicos entre personas, como los pesos se apoyan, se deslizan... como en una impro de contact se utilizan los unos a los otros sustentados por la delicada forma de las geometrías del cuerpo.

Las estudiantes rígidas, las madres acogedoras, las vendedoras ambulantes con sus bolsas, las extranjeras de si mismas, como yo..., las de clase acomodada que parecen estar allí de casualidad...

Es una naturalidad que me asusta, y me siento invadida, pero por otro lado adoro esos momentos de intimidad con todas mis hermanas en el metro. Y observo...

Las mejores clases de danza árabe las he tomado en el transporte púbico. El gesto real, sin filtro, de quienes no se sienten observados, los apoyos, las tensiones, la gesticulización, la confianza, la mirada furtiva, el descanso en una ciudad que no descansa, la aceptación del tiempo, la paciencia de aquellos que han dejado el control en manos de esa madre que nos acoge a todos. Todo eso me cuentan los numerosos cuerpos con los que me cruzo e interactuo.

Juego a hablar árabe con mi cuerpo.

Me centro en observar a las mujeres, de todas las edades, distintas en su forma de vestir, de hablar, de moverse.

No se nada de sus vidas, sentimientos, creencias, pero me enseñan mucho de ellas, de la gestión de un espacio a veces hostil, de la habilidad de mostrarse o esconderse.

Me acuerdo mucho de Chevi Muraday cuando nos decía

en clase que usásemos lo que tuviéramos, fuese como fuese,

a nuestro favor.

En danza todo puede ser una ventaja, y la mayor de todas ellas es el error. El error te habla de aquello que tiene potencial de encuentro. No encuentro ningún error en la coreografía del caos que reina en la ciudad inmensa de El Cairo, donde todas las mujeres bailan sus danzas integradas. Salvajes o sumisas, despiertas en el marco de un adormecimiento general entre pitidos de coche, aceras reventadas y basura...y la belleza...la belleza de la gran dama, tan resabida, tan superviviente de si misma, que ya no tiene de que preocuparse...

Convertirnos en seres adaptados que usan lo que hay, puntos de apoyo para caminar y seguir adelante. Adaptarse, no es conformarse, pero si es quitarse un montón de problemas innecesarios, y centrarse en aquello que te rige, que te mueve. Eso me enseña El Cairo...Siempre hablando en susurros de lo esencial.

El Cairo es una masterclass de coreografía. Orgánica y viva. Generosa, retadora, implicada...

Siento que a veces nos tienen que prestar los ojos para ver. Yo he necesitado los ojos de muchas mujeres, para entender lo que mi danza busca. He necesitado sus ojos para disfrutar de sus gestos, las manos que hablan, los pies que caminan pausados, que esquivan las aceras, los coches. Entender que a veces hay que cubrirse para desnudarse entera, y que las libertades son igualmente dictaduras si se llevan como consignas irrefutables e indudables. Reflexionando lo que significa ser mujer, en cada lugar, en cada contexto. Hoy desde aquí soy solo una mujer que danza.

Decido imitar cada gesto que me llama la atención en la calle. Y en casa, frente al espejo, reproduzco aquello que he visto.

Umm Sameh, hablando con los ojos en Makan, mientras comienza el concierto con la ceremonia del incienso

y mueve los dedos acariciando el humo...

Dalia hablando enérgica mientras conduce por el Maadi, apretando el volante con las dos manos curtidas de bailarina.

La manera de llamar a la vendedora ambulante de la chica

del autobús de Giza. Que me lleva hasta el metro y me regala

un billete, mientras me cuenta que estudia enfermería y quiere viajar a Cuba.

Las dos estudiantes de pelo largo y rizado que están sentadas

en la mesa del centro del café de West el Balad fumando shisha. Una de ella hace un ligero gesto con el cuello hacia atrás, mientras echa el humo, que es elegancia en estado puro.

La viva mirada de Kogii mientras les dice a los extranjeros qué CD les recomienda comprarse. Como seduce con sus ojos

y su viva sonrisa, su tono de voz alto. Me encanta ver como arranca la motocicleta que usa y se pierde por Midan Tahrir esquivando coches, espalda recta, ojos abiertos, visión periférica...

Ya en Madrid cuando reviso el material que me traído

de El Cairo, encuentro una foto...

Soy yo reflejándome en un espejo bajo la atenta mirada

de una mujer que pasa caminando detrás de mi...

#inspiración #viajes #townhouse #egipto #mujeres

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 Danzas de raíz