• CDMX

La ciudad de la insistencia


Son las 20h en CDMX acabamos de terminar un taller con la coreógrafa colombiana Sandra Milena Gómez, “El cuerpo, primer territorio de la memoria y la resistencia“ en el marco del III Coloquio Universitario de Filosofía y Danza organizado por el Colectivo Giroscopio.

Un taller/laboratorio de energía difícil, trabajamos con testimonios de sobrevivientes del conflicto en Colombia durante los años 90. Con los que Sandra trabajó mano a mano para dar forma a una pieza de danza llamada “Malevolance, diferentes formas de salvarse a si mismo”.

Hemos salido todas muy revueltas, solo hay un hombre en el taller, bailarín brasileño que también sabe de conflicto, de violencias, de diasporas.

Soy la única europea

Son las 20h en Cuidad de México, es ya de noche y estamos en el inmenso campus de la UNAM, un lugar seguro, aunque a estas horas oscuro y poco poblado y hay una pregunta que nos está rondado a todas en la cabeza, ¿cómo vuelvo al metro?

Primero muchas de nosotras, esto nos lo confesamos después, hemos estado pensando en esto cuando se acercaba la hora de terminar el taller, ¿habrá aún Pumabus?, ¿dónde tomo el Uber?.

Al terminar el taller naturalmente ponemos esto en común, nadie quiere caminar sola de noche en Ciudad de México, ni siquiera en los lugares “seguros”. Hacemos un grupo de unas 8 mujeres y vamos juntas al metro, tomamos el Pumabus (el autobús que conecta facultades y otros lugares en el inmenso campus de la Universidad, quizá la más grande de América Latina). En el camino hablamos de la sensación de no estar segura, hay dos chicas de Montevideo y una de Buenos Aires, que también están notando la diferencia con sus lugares de origen, y estoy yo, que noto no la diferencia, sino el abismo...Una chica de Michoacán nos cuenta el infierno vivido en su ciudad apenas unas semanas atrás cuando la detención de un narco desencadenó una guerra. Ha venido al coloquio por que siente la necesidad de resistir desde el cuerpo, de bailar como resistencia a la violencia salvaje con la que convive.

"La balasera me agarró bailando, tuvimos que quedarnos allí protegidos en la escuela de baile"....nos cuenta.

En el metro nos metemos en el vagón mixto, está relativamente tranquilo, como somos bastantes no hay problema, nos dice Bere, "pero sí vais solas o un par, mejor es ir siempre a los vagones de mujeres".

El vagón rosa está protegido por unas vallas, y es el vagón de las mujeres que se puso debido a la violencia

a la que son sometidas las mujeres al transportarse. Ir al trabajo, a clase, quedar con alguien para ir al cine

o a cenar, es un acto de resistencia, un acto de insistencia, de insistencia por seguir gozando y viviendo en medio de un fuego cruzado de costumbres, mentalidades, injusticias, educación, política, delincuencia... patriarcado.

Vamos separando los caminos, unas se bajan en el centro, otra se baja en el centro para tomar un Uber ya que la parada de metro de su casa no es segura a esas horas... Yo tengo suerte, estoy alojada en una colonia segura, junto a un metro seguro. Esas colonias donde puedes ver a gente paseando el perrito una vez ya ha anochecido y ese tipo de pequeños lujos que tienen las zonas privilegiadas. Aún así, camino sola unos cinco minutos y no voy en calma, voy rápido y alerta, el doble o el triple de alerta de lo que iría a las 21h en una zona como el barrio de Chamberí, aquí en Madrid.

Ya en casa segura y tranquila, pero con una sensación enorme de agotamiento, los días están siendo realmente intensos aquí, recuerdo las palabras de Sandra Milena Gómez durante el taller. Hablaba sobre el concepto de insistencia versus el de resistencia. La resistencia es una acción agotadora, que desgasta y merma las fuerzas, la insistencia es el lado sutil de ese resistencia, ese hilo que te conecta con el goce, te tranquiliza y te da energía.

Los cuerpos insistentes que habitan territorios hostiles e insisten en vivir, amar, estudiar, bailar, pasear...como un acto preñado de esperanza, una rebelión poética. La poesía de la insistencia puebla las calles, mujeres que van en su vagón rosa e increpan a un hombre amablemente cuando invaden su espacio (sí, eso pasa, lo he vivido), mujeres que ocupan las plazas, los patios de colegio, la puerta de los edificios públicos e insisten en bailar y cantar, mujeres que pintan en monumentos murales de dolor sangrante por aquellas, hijas, madres, hermanas, amigas muertas sin piedad y sin sentido...la poesía de la insistencia que escriben 8 mujeres cuando salen de un taller de danza y cruzan la ciudad serpiente y se hablan y se miran y se abrazan al despedirse y se cuidan, y reivindican así, su derecho a ser libres de acción y pensamiento, anteponiendo su derecho al goce y a la creación, al aprendizaje, a la reflexión profunda, anteponiendo esto a todo lo que representa la oscuridad del peligro y del silencio.

Soy la única europea y reconozco que en algún momento me da vergüenza.

Me enfrento, es verdad, a muchas violencias e intento insistir desde mi posición de privilegio, porque también me siento un cuerpo disidente, lleno de preguntas. Pero soy blanca y tengo un pasaporte que es un salvoconducto para casi todos los lugares del mundo y esto es así y no se puede negar.