Arabidades: Lili Lekmouli

BAILAR POR DERECHO



Bailar por derecho, es una maravillosa expresión que se utiliza en el flamenco para definir lo que se baila con el pleno conocimiento del código. Bailar por derecho es bailar consciente de tu sabiduría

y siendo consecuente con tu verdad interna, tu verdad corpórea y tu esencia. Bailar por derecho

es escuchar lo externo y usarlo como guía para que tu cuerpo hable y canalice, dejar que la escucha haga de tu cuerpo un templo donde ocurre el ritual. Bailar por derecho es estar en danza, es recibir de ella un estado de gracia, un regalo que tiene que ver también con lo que tú has apostado y con lo que tú te has comprometido previamente con el baile. Bailar por derecho debería ser lo que todos, independientemente del estilo, lenguaje...buscásemos cuando danzamos.


Conocí a Lili en Amor de Dios(1) en el entorno de clases de flamenco que ambas frecuentamos. En esa búsqueda diaria en el aula de ese cuerpo flamenco, que como ella me dice, tarda muchísimo en aparecer.

Con el tiempo me fui enterando de trazos de su geobiografía. Nacida en Francia, su bisabuelo fue el gran rabino de Marruecos(2), una figura altamente querida dentro de la comunidad sefardí(3) y dentro de la comunidad judía internacional. Un artista sensible con una capacidad de trasmisión inmensa que utilizaba de muchas formas el don de su voz y de su facilidad para hacernos conectar con la emoción a través de ella.

Fue en esa búsqueda, la de su linaje, de ese pasado en ese espacio abstracto que es el al-Ándalus desde donde sus antepasados salieron para vivir en Marruecos, y de la búsqueda de la vibración alquímica de su voz, por lo que aterrizó en Madrid, a trabajar como excusa para adentrarse en el mundo del flamenco hace ya de esto siete años. Pero antes, en Paris ya había comenzado a tomar las primeras clases de flamenco, como un acercamiento a su cuerpo. Y como a tantas de nosotras la danza fue para ella, es para ella, la sanación, asimilación, aceptación...de nuestros cuerpos. La danza es un abrazo que nos damos, la danza es el aire que tomamos cuando no podemos respirar, la danza nos enseña a agarrar por derecho, aquello que el contexto busca negarnos...y nos reconcilia con nosotras y nuestros universos.


Cuando escucho a mi bisabuelo siento el pulso de una seguiriya(4) en el pecho.


Antes de llegar a la danza Lili, había hecho otras cosas, pertenece a esta clase de bailarinas que elige el camino no en la infancia, por lo que tuvo tiempo de experimentar con otro tipo de cosas, cantaba en un grupo de punk, trabajó como fotógrafa. Y todas esas experiencias es lo que busca integrar en la danza, bailar desde todo lo que es. El flamenco es muy complicado, es una vida, del flamenco quiero llegar a bailar por derecho.

Y a nivel profesional desarrollar un camino y una forma que tenga que ver con todo lo que soy.


Es interesante escucharla hablar con esa disociación conceptual entre el flamenco y el oficio de bailar.

El flamenco es una forma de entender la vida más que un arte en muchísimas ocasiones. Y aunque para muchos es una opción profesional, es compleja para cualquiera que venga de fuera de un entorno flamenco.

La cosmovisión flamenca se defiende con uñas y dientes por muchos ligada a unos conceptos determinados,

de procedencia, estilo y forma. Es difícil ser aceptado según en que entornos flamencos. Pero también estar en ese margen te da una libertad que a veces las sagas flamencas no tienen, la libertad de salir y de entrar en este

y usar otros conceptos ligados a las artes escénicas o a la performance, que en el flamenco tradicional tienen menos espacio.


Merche(5) me enseñó el alfabeto de mi cuerpo.


El flamenco te enseña la importancia de la trasmisión como metodología de enseñanza/aprendizaje ese eje conceptual con el que aprendemos y más tarde aprehendemos diferentes lenguajes expresivos ligados al cuerpo y a la tradición. E iría más lejos el flamenco no se enseña, ni se aprende; solo se aprehende. Y para ello hay que escuchar, escuchar el cante y conectarse a la vibración alquímica de ciertas voces, que son portadores de saberes comunes a todos nosotros con independencia de nuestras creencias concretas, y escuchar el cuerpo, para identificar y leer los alfabetos que dan forma a los discursos que salen de nuestros cuerpos en forma de bella sucesión de movimientos.


¡A la lima y al limón!*(cuestionario)


 Nombre
Lili Lekmouli

¿Cuáles son tus orígenes?
La familia de mi madre era de Nápoles. Por parte de padre soy mayormente sefardí y también con orígenes de Mongolia, Irlanda y Bretaña.

¿Han condicionado estos en tu forma de ver y estar en el mundo?,     ¿en qué?
Absolutamente. Crecí con la mirada ajena recordándome siempre que no era francesa. Es alucinante esa obsesión en mi país por preguntar los orígenes de ciertas personas nada más conocerlas. Aquí en España sin embargo digo que soy francesa y le basta a la gente. Pero nunca me sentí tan yo misma como aquí (España). Pude conectar con quien soy y con lo que mis orígenes me legaron.

¿Qué es para ti la tradición?
La memoria viva del pasado. La herencia hecha rito.

¿Si te digo la palabra árabe, qué es lo primero que te viene a la cabeza?
 Al-Ándalus

¿Identificas algún gesto/movimiento/sensación corpórea o recuerdo    que sea una herencia
 de tu linaje? (no tiene porque ser algo explicable, puede ser en el campo de lo abstracto y sutil)
El quejio y el ayeo(6) del cante flamenco me generan una emoción muy especial. Es una sensación que va del oído a lo corporal. Es como un instante suspendido que podría durar una eternidad. Cuando lo escucho, me llega una fuerza y una profundidad. Me transmite una energía única, una potencia abrumadora