Arabidades: Raïssa Leï

AL WALIDA




Las madres son vectores intergeneracionales que transmiten nuestras herencias culturales.


Walida significa madre en árabe. El primer significado de la raíz walada (ولد) es dar a luz

y a la vez engendrar, de ahí deriva en numerosas palabras, desde fruto a niña, festividad religiosa (maulid), fértil, descendencia, propagación, mestizo (muladí, criado entre árabes pero no árabe)...

Con esas tres letras podríamos crear un imaginario acerca de lo que pueden ser nuestros legados culturales, que se contienen en personas, espacios, conceptos, ligados a un TODO que puede ser a la vez continente y contenido. Ese todo complejo

y apasionante, nos marca y condiciona y tiene que ver con quienes somos lo queramos o no. Una de las grandezas de la lengua árabe, y con la que nos enfrentamos todos los que intentamos adentrarnos en ella, es que te obliga casi siempre a plantearte la esencia de cada grupo de tres letras que forman las raíces de cada palabra para poder llegar a sus multiplicidades. Por ello también desde esta raíz trilítera de walada podríamos construir un interesante imaginario sobre el trabajo de Raïssa Leï, esta bailarina activista, nacida en París de origen marroquí, amazigh(1), que no árabe, pero sí arabizada y occidental, que no occidentalizada. Lo mejor de las personas son nuestras complejidades, cada vez lo tengo más claro.


Conocí el trabajo de Leï hace algunos años en el marco de Bellyfusions un festival que fue pionero en reunir diferentes visiones y artistas en el marco de la danza tribal americana y el bellydance. En ese momento ella presentó una pieza super potente de fusión con voguing(2) donde mostraba un dominio técnico de brazos que a mi me pareció espectacular. No tuve más referencias de ella en unos años hasta que volví a encontrarla por las redes. Su nombre, Raïssa Leï, una clara alusión homenaje a las cantantes amazigh de Marruecos, raïssa significa presidenta, la raíz ras (رأس) en árabe es cabeza por lo que raïssa (رئيسة) es la cabeza del gobierno. Estas mujeres cantantes adoptan esta palabra para mostrar que son la parte visible y pensante de las troupes, no solo cantan como solistas sino que son las gestoras, managers y demás...

Como todos los trabajos consistentes el suyo ha pasado por diferentes etapas y procesos hasta llegar a este momento de activismo donde a través de su formación, Kif Kif Bledi(3), sus clases y sus vídeos que en forma de un supuesto tutorial y con un sentido del humor fino y afilado, repasan aspectos que son muy comunes en el campo de los intentos de fusión insustanciales que encontramos en ciertos espacios en torno a las danzas tribales americanas y el bellydance.


En el campo de la danza en los últimos tiempos observo como muchas mujeres que bailamos utilizamos esta disciplina como una forma de posicionarnos y hablar de clichés y usos que ocurren en el entorno del bellydance y que tienen que ver con el orientalismo(4) como forma de dictadura que afecta a nuestros cuerpos, a como nos movemos, nos vestimos y nos expresamos, este orientalismo que está en numerosas manifestaciones culturales, artísticas o no del área mediterránea, y que ha hecho, con especial dureza, del cuerpo de la mujer un espacio de entretenimiento para el uso y el disfrute. Además el orientalismo es el cimiento en el que se apoyan las muestras de apropiación cultural que son evidentes en muchas creaciones derivadas de ese imaginario occidental que en muchas ocasiones es la danza del vientre.


La apropiación cultural en el arte es un tema complejo, el arte es pura inspiración, es pura abstracción de entornos y contextos y la libertad del creador es un derecho, pero no a costa de todo y no podemos estar interesados en una cultura que no es nuestra cultura materna sin escuchar, aprender y observar a los integrantes de esta. Sus cuerpos nos hablan sin filtro de esas tradiciones que nos atraen y que llegamos a amar

y sentir como nuestras en algún punto, pero es necesario pararse a reflexionar qué entornos, contextos y personas, cuerpos en definitiva, las conforman. El problema no está en interesarse por otras culturas y aprender sus manifestaciones artísticas o rituales, el problema viene cuando se utilizan los símbolos, mitos y maneras sin un conocimiento mínimo de ellos. Los símbolos son un material sensible ya que lleva intrínseco un sentimiento de pertenencia y más cuando están ligados a culturas históricamente marginadas y humilladas, y por ello deben tratarse con extrema sensibilidad.


El trabajo de Leï además entra dentro de las danzas urbanas, estos estilos que se desarrollan en las grandes ciudades epicentros de cultura y creación que son fruto de la convivencia en ellas de una cultura dominante y otras culturas marginales que proceden de las diversas diásporas de pobla