Cantadoras (parte II)

Arabidades, paseos por lo árabe.


“Nadie vio, en su época, mujer con aspecto más gracioso, de movimientos más ágiles, de silueta tan fina, de voz más dulce, sabiendo cantar mejor, más destacada

en el arte de escribir, en la caligrafía, de cultura más refinada, de dicción más pura; no cometía ninguna falta dialectal en lo que escribía o cantaba, tantos eran sus conocimientos de morfología, lexicografía

y métrica; incluso sabía de medicina, historia natural, anatomía y otras ciencias en las que los sabios de la época se hubieran revelado inferiores.

Sobresalía en el manejo de las armas (tiqaf), en el volteo con escudos de cuero, en los juegos malabares con sables, lanzas

y afilados puñales;

en todos ellos no tenía pareja,

igual ni equivalente”

Ibn Bassam(1), Kitab al-Dajira.


Las cantoras y el movimiento


Aunque en las fuentes no hay tantas alusiones a la danza, como a la música o la poesía, diferentes estudiosos coinciden en que esta debió de estar mucho más presente de lo que parece a primera vista, tanto en la tierras de oriente como del occidente musulmán. Esas danzas estaban principalmente ligadas a los ambientes cortesanos, y no solo eran practicadas por las propias qiyan, sino que de la lectura de las fuentes se extrae la teoría de que ciertas melodías, poemas o canciones, hacían que la danza ocurriera en esos espacios de ocio y celebración.

No solo el movimiento en forma de baile era uno de los aprendizajes que tenían estas cantadoras, también las destrezas relativas a las artes de juego y lucha, malabares y manejo de palos y espadas como elementos que mostraban destrezas físicas. Dagas, sables, palos y velos eran usados en esos espacios de entretenimiento donde las qiyan, y también las cantantes y poetisas tenían tantísima presencia. Todos ellos formaban parte del espectáculo, creando así un concepto de interdisciplinariedad que demuestra la magnitud de la formación

y el talento de este colectivo de mujeres.

En el área del Mediterráneo estás expresiones del movimiento, han sido la semilla de numerosas manifestaciones de danzas rituales con palos y espadas que se conservan hasta nuestros días. En España, por ejemplo, se conservan hasta hoy danzas, ligadas a la tradición ritual religiosa con palos y espadas, que tienen

su semilla en esas formas de entretenimiento medieval. En Oriente Medio, en Egipto y otros lugares del Norte de África ocurre igual, numerosas danzas en la actualidad masculinas, que además son sinónimo de hombría,

se siguen practicando como homenaje a héroes y batallas épicas.

En España, en cambio, están ligadas a homenajear sobe todo a vírgenes y se representan en el contexto

de las romerías. Lo que las conecta con ritos antiguos de fertilidad, ya que casi todas estas festividades suelen ocurrir en la época de la primavera. Es interesante apuntar que lo que comenzó como una expresión ligada

al entretenimiento y sobre todo ejecutada por mujeres, ha ido trasmutando a un contexto religioso y es normalmente territorio masculino. Por ejemplo, en la provincia de Huelva, concretamente en la región del Andévalo(2), se conservan 17 danzas de palos y espadas que se ejecutan en las romerías de la comarca como homenaje y honra a las vírgenes locales.


También existen alusiones en las fuentes a lo que suponía en un cuerpo la escucha del canto de estas mujeres, cuando se producía ese fenómeno que se denomina tarab que es la emoción compartida que se genera en aquel que participa activa o pasivamente de la escucha y la presencia de un acto artístico/ritual. Estas catarsis colectivas, cuando ocurren ya que no siempre se llega a ese estado de emoción en un hecho artístico, producían en las audiencias temblores por el cuerpo y golpes con las manos en diferentes partes del cuerpo y el gesto de rasgarse las vestiduras, según describe el “Kitab

al-Agani” (Libro de las canciones). Una enciclopedia de saber de unos 20 volúmenes que nos describe detalladamente usos, costumbres, anécdotas, de este entorno en el que se movían, califas, comerciantes, cantoras, poetas, músicos...desde la época preislámica hasta aproximadamente finales del s. IX. Escrita por Al-Isfahani(3) en cincuenta años, la importancia de esta obra es clave para poder asomarnos al desarrollo de la música, la poesía y otras artes en ese periodo histórico y comprender la importancia de estas mujeres.

En mi opinión, es curioso y de gran importancia que está gestualidad expresiva, descrita en el Libro de las Canciones anteriormente mencionada, con los siglos haya configurado parte del corpus de movimientos

que se utilizan en varios lenguajes de danza del área mediterránea para interpretar la música. Las vibraciones

o temblores de hombros y caderas se usan en numerosas danzas de todas las orillas del Mediterráneo, la imitación de la ruptura de alguna prenda de ropa, también. Esto me lleva a pensar en cómo los intérpretes utilizan su instinto creativo usando también aquello que ellos ven que ocurre en el público que tienen delante,

y con ello generan modos de expresarse y de conectar con la audiencia compartidos por unos y otros.


Su legado e influencia hasta nuestros días


Las qiyan comienzan a desaparecer como tal cuando el islam entra en ese declive que supuso la caída de sus focos de poder/conocimiento coincidiendo con el fin del medievo. Posteriormente, ya en pleno Imperio Otomano, en lugares como Estambul o El Cairo, figuras de mujeres ligadas al entretenimiento en las cortes,

con cierto prestigio y poder siguen existiendo, las cengi turcas, o las awalin egipcias son herederas directas de aquellas qiyan. También existen hombres travestidos que danzan para entretener como los cocek de Turquía o los kawal en Egipto. Pero todos estos no están ligados a la esclavitud.